Crónica de un domingo electoral: Del chocolate a la multa
fantasma
La alarma sonó a las 5:50 de la mañana. Dia de las elecciones de 2da vuelta, el destino, el colegio de la cuadra 26 de la avenida Tomás Marsano. Me dio tiempo de ir por un café. A las 7:00am ya estábamos listos.
La Mesa de Sufragio arrancó con cambios de última hora: Hilda,
la segunda suplente se quedó como tercer miembro, en vez de Daniela —compañera
de la primera vuelta— Marco como secretario y yo como presidente.
Pero el verdadero reto estaba afuera. El aula contigua era
un caos de quejas: siete u ocho personas protestaban porque faltaba el tercer
miembro de mesa. "No se quejen si nadie se ofrece a ayudar", les
increpé. Al volver a mi salón, a Marco se le ocurrió la solución: un sorteo
rápido. Con papelitos improvisados y una cruz marcada en una bolsa, les propuse
el trato: "Señores, cuanto antes abran la mesa, más temprano se
van". La estrategia funcionó, la señora de 83 años que repetía su edad
como un mantra, fue quien tomo la decisión de quedarse.
Entre voto y voto, la mesa se convirtió en un confesionario.
Así nos enteramos de que Marco se quedó solo en Lima a los 16 años para ir a la
universidad porque su familia migró a Malasia por trabajo; mientras que Hilda, trabaja
como agente inmobiliaria, vive con su papá y su perro Rufis.
Nuestro kit de supervivencia oficial : una botella de agua,
una bolsa de frutos secos, galletas de soda y una lata de atún que Marco, entre
risas, no podía abrir.
El día tuvo de todo. Hubo gestos dulces, como la chica
simpática que nos regaló chocolates —los cuales devoré uno tras otro—, y
momentos de absoluto asombro. Si en la primera vuelta la ONPE nos dio una lista
con tres votantes fallecidos, esta vez solo figuraba uno. Cuando se lo comenté
a un fiscalizador del Ministerio Público, me soltó un desganado: "Todo
puede suceder". Entre nosotros nos miramos: ¿hasta la resurrección?
Vimos pasar la realidad del país: ancianos en sillas de
ruedas, ciudadanos con bastón llenos de amabilidad y un elector que no pudo
firmar e imprimió una doble huella digital. Por supuesto, nunca falta el
renegón, como el señor que se indignó porque le pedí su número de orden y tuvo
que regresar a ver el planillón de la puerta. Para matar las horas muertas,
terminamos viendo videos de viajes a China en el celular, contrastando su
abismal avance tecnológico con el nuestro.
Al cierre de la jornada, el conteo fue claro: 140 votos para
Keiko, 48 para Sánchez, cuatro en blanco y ocho nulos. Con la guía del personal
de la ONPE, embolsamos las actas y a las 6:30 de la tarde ya estaba en casa
sintonizando los programas periodísticos. Tarea cumplida. O eso creía.
Días después, el panorama cambió. Al revisar mi cuenta bancaria, noté que el bono por haber sido miembro de mesa en ambas vueltas jamás llegó. Fui al Banco de la Nación y me confirmaron que no había ningún saldo a mi favor. Pero el verdadero golpe llegó hoy: un comunicado del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) notificándome una multa de 275 soles... ¡por no haber sido miembro de mesa! Plop!!!





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